6 hábitos cotidianos que estresan en secreto a tu gato (y qué hacer en su lugar)
Rutinas comunes—gritar, días aburridos, solo comida seca, caricias incorrectas, mala ubicación del arenero y largas ausencias—pueden estresar a tu gato.

Si quieres a tu gato, seguramente intentas hacer todo “bien”. Pero algunas de las rutinas más normales y bienintencionadas pueden ir minando en silencio la confianza de tu gato y aumentar sus niveles de estrés con el tiempo.
Lo complicado es que los gatos a menudo sufren en silencio. Lo que parece “calma” en realidad puede ser frustración, ansiedad o incomodidad.
1) Gritar no le enseña a tu gato: le enseña que eres impredecible
Tu gato se sube a la encimera. Tira un vaso. Se lanza contra el sofá nuevo. Tu instinto es gritar su nombre y esperar que haga la conexión.
El problema es que la mayoría de los gatos no relacionan tus gritos con la conducta exacta que intentas corregir. Lo que sí aprenden es que la persona de la que dependen puede volverse de repente ruidosa y aterradora. Y eso puede llevar a un gato estresado que se esconde más, te evita o empieza a portarse mal de otras maneras.
Prueba esto en su lugar: mantén la voz firme pero tranquila. Un simple “no” dicho con tono sereno puede funcionar mejor que subir el volumen. Algunas personas también interrumpen el momento con una sola palmada (no cerca de la cara del gato) y luego redirigen de inmediato a algo que tu gato sí puede hacer, como un juguete para patear, un rascador o un juguete de varita.
2) Una vida interior “fácil” puede convertirse en aburrimiento y frustración
La mayoría de los dueños no se da cuenta de lo parecidos que pueden parecer estos dos casos: un gato relajado y un gato con poca estimulación.
Los gatos están hechos para cazar. No porque sean malos, sino porque su cerebro está programado para una secuencia: observar, acechar, perseguir, saltar, atrapar. Cuando ese patrón nunca ocurre, la frustración puede acumularse. Con el tiempo, un gato que casi no juega puede ser más propenso a subir de peso e incluso parecer “apagado”, dormir en exceso y mostrar menos interés por la vida.
Si alguna vez has notado que tu gato se queda mirando al vacío, correteando por la noche o de repente peleándose con los muebles, el aburrimiento puede formar parte del problema.
Prueba esto en su lugar: procura sesiones cortas y constantes de juego. Incluso con un juguete de varita pueden marcar una diferencia notable. Haz que el juguete se comporte como una presa: escóndelo, haz pausas, deja que “escape” y, de vez en cuando, deja que tu gato lo atrape para que sienta que completó la caza.



