La primavera puede ser preciosa… y un suplicio si tu perro de repente no deja de rascarse. La alergia al polen en perros normalmente no se parece a la fiebre del heno humana —sin estornudos dramáticos— porque suele afectar más a la piel.
En muchos perros, el polen estacional desencadena una afección que a menudo se conoce como dermatitis atópica canina. Básicamente, el sistema inmunitario de tu perro reacciona de forma exagerada cuando el polen se deposita sobre su cuerpo, y la piel se inflama y pica intensamente.
La mayoría de los dueños no se da cuenta al principio porque los signos pueden parecer “solo piel seca” o “quizá pulgas”. Pero si coincide con la primavera (o con ciertos meses cada año), el polen puede ser el verdadero culpable.
Si alguna vez has visto a tu perro comportarse con total normalidad dentro de casa pero convertirse en una máquina de rascarse después de los paseos, esta lista te resultará familiar:
- Picazón intensa (rascado que parece no parar nunca)
- Piel roja e irritada
- Lamido o mordisqueo constante, especialmente en las patas o las piernas
- Infecciones de oído recurrentes (otitis): oídos que vuelven a estar sucios, con mal olor o con picazón una y otra vez
- Pérdida de pelo o adelgazamiento del pelaje en las zonas que tu perro más se rasca
El polen se pega al pelo como el polvo. En muchos perros se acumula especialmente en:
- Barriga/abdomen (sobre todo en perros de pelo corto o que rozan con la hierba)
- Patas y piernas (por caminar entre plantas)
- Oídos (tanto por el contacto como por la inflamación que puede provocar problemas de oído repetidos)
Por eso un perro puede volver de un paseo perfectamente normal y luego empezar a lamerse las patas o a frotarse la cara como si quisiera salir de su propia piel.
Mientras que las personas suelen reaccionar al polen con moqueo y estornudos, los perros reaccionan con más frecuencia a través de su barrera cutánea. El polen se queda en el pelaje, toca la piel y desencadena una respuesta alérgica, lo que provoca inflamación y esa picazón implacable.
No existe una cura permanente única para la alergia al polen en perros, pero sí hay formas de hacer que la temporada sea mucho más llevadera.
- Antihistamínicos: a menudo se usan para reducir la picazón y la inflamación en casos leves a moderados.
- Corticosteroides: a veces se usan en brotes más graves, porque pueden calmar la inflamación rápidamente.
Como la opción y la dosis adecuadas dependen de tu perro (y de si puede haber otras cosas ocurriendo, como infecciones), es recomendable hablar con tu veterinario antes de darle cualquier medicamento.
No puedes eliminar el polen del mundo, pero sí puedes reducir cuánto termina sobre la piel de tu perro.
Usar champús especiales diseñados para piel sensible o alérgica puede ayudar a eliminar el polen del pelaje y aliviar la irritación. Durante la temporada alta, los baños regulares (sin exagerar, pero con constancia) pueden marcar una diferencia notable.
Una rápida limpieza de patas después de cada paseo ayuda a quitar el polen antes de que tu perro se lo lama durante la siguiente hora. Presta atención a las almohadillas y al espacio entre los dedos.
Si tu perro empeora cada primavera, intenta evitar:
- Zonas con vegetación densa
- Campos de hierba alta
- Parques en días de mucho polen
Incluso pequeños cambios de ruta pueden significar menos polen adherido a la barriga y a las piernas.
Algunos perros se benefician de suplementos de omega-3 y omega-6, que pueden apoyar la barrera natural de la piel. No “curarán” las alergias, pero pueden ayudar a que la piel tolere mejor la irritación con el tiempo.
Si tu perro se rasca más cada primavera, presta atención al patrón: piel con picazón, lamido de patas y problemas de oído recurrentes pueden apuntar a una alergia al polen en perros. Unos pocos hábitos sencillos (limpiar las patas, elegir mejor las rutas de paseo y seguir una rutina de baño adecuada) pueden hacer que la primavera vuelva a ser una estación que ambos disfruten.