Si tu gato come pienso todos los días, puede que le falten algunos de los extras de “presa entera” para los que su cuerpo está diseñado: cosas como taurina natural, fibra suave y ciertos nutrientes sensibles al calor. La buena noticia es que no necesitas suplementos sofisticados para cubrir ese vacío. Puedes usar unos pocos alimentos sencillos (la mayoría de tu cocina) para apoyar el brillo del pelaje, la digestión, el apetito e incluso las articulaciones rígidas.
A continuación encontrarás 10 añadidos aptos para gatos, agrupados en tres categorías fáciles, con ideas prácticas de servicio y un truco para gatos quisquillosos para los que se ofenden con cualquier novedad.
En la naturaleza, un gato no solo come carne muscular. También obtiene pequeñas cantidades de materia vegetal y enzimas del contenido estomacal de sus presas, además de nutrientes que se encuentran de forma natural y que pueden reducirse durante el procesamiento a altas temperaturas.
Eso no significa que el pienso sea “malo”; significa que a menudo puedes mejorar cómo se ve y se siente tu gato añadiendo unos pocos extras específicos y seguros para gatos en pequeñas cantidades.
Estos se centran en el tipo de nutrición de origen animal con la que están diseñados para funcionar los gatos.
Los corazones de pollo son naturalmente ricos en taurina, además de hierro y vitaminas del grupo B. La taurina es muy importante para los gatos, especialmente para la salud del corazón y de los ojos.
Truco para gatos quisquillosos: Cocina ligeramente los corazones durante unos 2 minutos, solo hasta que estén apenas hechos (ni crudos ni demasiado cocidos). Córtalos en trocitos muy pequeños (del tamaño de un grano de arroz o menos) y sírvelos tibios para que el olor sea más intenso.
A los humanos nos encanta la pechuga de pollo porque es magra. Los gatos, en cambio, dependen mucho de la grasa animal para obtener energía. La carne oscura del muslo suele aportar más grasa y, por lo general, encaja mejor que una pechuga muy magra.
Cómo servirla: Hierve el muslo en agua sola, sin sal, sin cebolla, sin ajo ni condimentos.
Desmenúzalo con un tenedor.
Consejo extra: Guarda el agua de cocción. Cuando esté tibia (no caliente), añade un poco sobre la comida habitual de tu gato como un sencillo topper de caldo.
El hígado es como un multivitamínico de la naturaleza: vitamina A, vitaminas del grupo B, hierro y cobre. Pero también es uno de los alimentos que no conviene exagerar, porque la vitamina A puede acumularse en el organismo con el tiempo.
Regla general: Piensa en el hígado como una “microdosis”. Un trozo del tamaño de tu uña cada 10–14 días es suficiente.
Truco para gatos quisquillosos: Deshidrata el hígado a la temperatura más baja del horno hasta que quede seco y crujiente. Así parecerá una golosina, no “comida saludable”.
Estos son añadidos sencillos que pueden marcar una diferencia notable sin convertir la hora de comer en un proyecto.
Las sardinas son peces pequeños, así que es menos probable que acumulen metales pesados como puede ocurrir con peces más grandes. Además, son naturalmente ricas en omega-3, que ayudan a la piel, el pelaje, las articulaciones y el corazón. Los huesos blandos aportan calcio.
Cómo servirlas: Elige sardinas enlatadas solo en agua, sin aceite, sin salsas y sin sal añadida. Enjuágalas bien y luego machaca una sardina por semana en la comida de tu gato.
La clara de huevo cruda no es una gran idea para los gatos porque puede interferir con la absorción de biotina (vitamina B7). La yema cocida, en cambio, puede ser un añadido útil.
La yema contiene lecitina, que puede ayudar a emulsionar las grasas en el sistema digestivo; muchos dueños notan que esto puede hacer que las bolas de pelo dejen de ser un evento semanal.
Cómo servirla: Hierve un huevo, toma la yema, deja que se seque un poco y luego desmenúzala en pequeña cantidad sobre la comida.
Los gatos no comen calabaza en la naturaleza, pero sí obtienen un poco de fibra de sus presas. El puré de calabaza natural imita esa fibra suave.
La fibra soluble puede ayudar en ambas direcciones: puede dar consistencia a las heces blandas y también ayudar con el estreñimiento al gestionar el agua en el intestino.
Cómo servirla: Usa puré de calabaza 100% natural (no mezcla para pastel de calabaza: los azúcares y especias añadidos no son aptos para gatos). Congélalo en cubiteras para poder descongelar un cubito pequeño cuando lo necesites.
Estos son los “ajustes finos”: extras pequeños y estratégicos basados en lo que observas en casa.
Si alguna vez has tenido un gato que maúlla como si no hubiera comido en días, justo después del desayuno, esto es para ti. Las judías verdes aportan volumen y fibra con muy pocas calorías.
Cómo servirlas: Descongela judías verdes congeladas, córtalas en trozos del tamaño del pienso y mezcla 3–4 piezas en una comida.
Los arándanos contienen antioxidantes, y las investigaciones en animales sugieren que ciertos compuestos pueden apoyar la salud cerebral a medida que las mascotas envejecen.
Cómo servirlos: La mayoría de los gatos no se comerá una baya entera. Machaca un arándano pequeño en la comida húmeda para que desaparezca.
Un caldo de huesos cocinado a fuego lento durante mucho tiempo puede liberar colágeno y otros compuestos (incluidos glucosamina y glicina) en el líquido. A muchos dueños les gusta para gatos mayores que parecen estar rígidos, y también es una forma fácil de aumentar la hidratación, especialmente en gatos que no beben mucho.
Cómo hacerlo: Cocina a fuego lento huesos de pollo o de res en agua durante mucho tiempo (la olla de cocción lenta funciona muy bien). Añade un pequeño chorrito de vinagre de sidra de manzana. Déjalo simple: sin cebolla, sin ajo, sin sal, sin especias.
Cómo servirlo: Congélalo en cubitos. Ofrece un cubito como un “helado de caldo” en verano, o caliéntalo ligeramente y vierte un poco sobre la comida en los meses más fríos.
La levadura nutricional no es levadura de panadería. Tiene un aroma sabroso, parecido al queso y a frutos secos, que a muchos gatos les resulta irresistible, y es naturalmente rica en vitaminas del grupo B, incluida la tiamina, a menudo relacionada con el apoyo al apetito.
Cómo usarla: Espolvorea una pequeña pizca encima de cualquier comida nueva que estés intentando introducir. Si tu gato rechaza todo con desdén, este suele ser el mejor punto de partida.
Si no sabes por dónde empezar, relaciona el añadido con el problema que realmente ves:
- Pelaje apagado o caspa: Empieza con sardinas una vez por semana y observa cambios durante unas 6 semanas.
- Bolas de pelo frecuentes: Prueba yema de huevo duro desmenuzada un par de veces por semana.
- Apetito extremadamente quisquilloso: Empieza con una pizca de levadura nutricional para hacer la comida más apetecible.
- Siempre hambriento y con sobrepeso: Añade unos trozos de judías verdes para dar volumen.
- Movimiento rígido en gatos mayores: Haz del caldo de huesos tu primer experimento.
No introduzcas los 10 a la vez. Elige uno de los añadidos, úsalo de forma constante durante unas dos semanas y anota lo que observes: pelaje, calidad de las heces, energía, apetito y entusiasmo general a la hora de comer.
Un cambio del tamaño de una cucharadita puede ser suficiente para notar diferencias en casa en uno o dos meses.
No puedes controlar todo sobre la salud de tu gato, pero sí puedes controlar perfectamente lo que aparece en su cuenco. Empieza con un añadido pequeño e inteligente que encaje con el problema principal de tu gato, y dale tiempo: el pelaje, el confort y el apetito de tu gato suelen contar la historia antes que cualquier otra cosa.